Buster Keaton es considerado una de las grandes estrellas del cine de los años 20. Ganaba incluso más dinero que el maestro Charles Chaplin (sus películas generaban más beneficios). Cobraba dos mil dólares a la semana y el veinticinco por ciento de la recaudación. Era especialista en rodar escenas peligrosas en una época en la que no existían ni los dobles ni los efectos especiales. Puede decirse que se jugaba la vida en cada plano.
De esta manera, tuvo que sentarse en las ruedas de una locomotora en marcha para El maquinista de la general (1927), se expuso a los efectos de un huracán que casi lo mata en El héroe del río (1928) mientras que en Las siete ocasiones (1925) le tocó correr por una pendiente mientras una avalancha de rocas amenazaba con aplastarle. Lo curioso es que estas habilidades le venían de pequeño, porque Joseph Frank Keaton era el hijo de un matrimonio de actores de vodevil integrados en la compañía de Harry Houdini. El caso es que con tres años se comió el suelo y rodó por unas escaleras (accidentalmente se le había caído a su madre). El niño no lloró y los padres totalmente boquiabiertos decidieron apodarlo Buster (porrazo en inglés).
Desde ese momento, Buster trabajó en un espectáculo llamado “La Bayeta Humana” que consistía en lanzar al chico por los aires de manera continuada. El mérito del niño estaba en que no lloraba ni cambiaba su expresión. Cuando el señor Keaton dio el salto al cine su mayor baza cómica consistía precisamente en su inexpresividad. El público se partía de risa viéndolo sufrir todo tipo de desgracias sin que moviese un solo músculo de la cara. Llego a ser conocido como “El gran cara de palo”. Llegó a correr el rumor de que tenía prohibido reírse por contrato…
Y es totalmente cierto. Buster Keaton no podía reírse en sus películas. Era una cláusula añadida a su contrato tras el éxito de filmes como Cara de palo. De todas maneras, rápidamente se quedaría sin motivos para reírse. Con la llegada del cine sonoro, sus cintas perdieron todo el interés y una acusación de adulterio tendría como consecuencia un divorcio ruinoso, bancarrota económica, alcoholismo y depresión le llevaron a estar varios meses ingresado en un sanatorio mental. El millonario Buster Keaton pasaría el resto de sus días en una caravana.
El tiempo ha terminado de poner las cosas en su sitio. Las películas de Keaton fueron reivindicadas por las nuevas generaciones y el Gran Cara de Palo recibió un Oscar honorífico por toda su carrera, llegando a intervenir en grandes películas como Candilejas, junto a su gran amigo y competidor en el cine: Charles Chaplin.
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